Maribel Álvarez quería ser casi cualquier cosa con tal de que no la educaran para casarse, lo que quería decir aprender a coser, lavar, fregar, planchar, zurcir… y de trabajar fuera de casa, nada, salvo dependienta en una comercio de prendas femeninas, en un taller de costura para señoras… y otras cosas tan apasionantes como esas.

A Maribel no le fue necesario aprender el significado de la palabra libertad. Nació con ella estampada en la frente.

Malos tiempos para una mujer que sentía esa necesidad. Tuvo una infancia como correspondía a la época y una adolescencia llena de la misma dureza. Año de venida al mundo, 1935, en Oviedo.

Tuvo la gran suerte de entrar en contacto por pura casualidad con Radio Juventud de Oviedo y empezó a colaborar en la emisión de programas infantiles. Con ello se le abría una pequeña posibilidad, pero en su casa seguían empecinados en la misión de educarla para el matrimonio. Llevaba al menos un año trabajando en la emisora y su familia no sabía nada. Estaba segura de que la tacharían de poco menos que de corista o secretaria, profesiones de alto voltaje inmoral, pero el director de la emisora empezó a darle un poco más de trabajo y se vio en la obligación de confesárselo a su familia. Por suerte, en Oviedo todo el mundo se conocía, y el director de la emisora tenía una ligera amistad con una de sus tías. Si se imaginaran una película de Barden de esos años verían la escena perfectamente: Una jovencita es arrastrada por su tía a casa de don José Luis, para poder conocer de cerca, si ese señor estaba casado debidamente y tenía una familia, porque doña Adela, que acompañaba a su sobrina, debía depositarla en manos de un señor como Dios manda para poder dejarla a su custodia. Los señores comían y esperaron en la sala de visitas a que don José Luis las recibiera. Don José Luis fue de lo más simpático, campechano y serio como para dejar satisfecha a doña Adela, a quien dio toda clase de seguridades sobre decencia, así, con el permiso de la familia, pudo cumplir un turno de locutora de seis a nueve de la noche. Como a esas horas no era decente que una chica de 15 años atravesara el parque, siempre enviaban a alguien para que la acompañara.

Maribel Álvarez no recuerda si fue ese Don, u otro Don, quien se ponía al pie de la escalera para ver las piernas de las chicas cuando subían.

Así fueron los comienzos en Oviedo de Maribel Álvarez, que luego trabajó en Radio Juventud de Barcelona, con una variedad de actividades relacionadas con su buen timbre de voz y que acabó en radio Nacional en el año 93, para dar paso a lo que sería la otra pasión de Maribel: la escritura.

En ese año, y en ese momento, empieza la carrera por el mundo literario de Maribel Álvarez.

En wikipedia hay datos de Maribel Álvarez como profesional de la radio.