Durante mi descanso estival he conseguido realizar parte de mi objetivo personal: atiborrarme de lecturas de libros interesantes. He sacado como conclusión que la lectura elimina egocentrismo e invita a la reflexión, a la empatía y a la comprensión; amplía los horizontes geográficos y también los horizontes mentales. Un buen libro te da ganas de vivir, acudes a él como a los brazos de un ser querido, en cuanto puedes, corriendo, buscas cualquier momento para unirte a él y compartir la intimidad.

La lectura de libros amplía, aviva y ejercita la meditación, te invita a la tranquilidad y te da cierta felicidad. En cierta ocasión escuché decir en una conferencia que la lectura aviva regiones de nuestro cerebro ligadas directamente con la memoria, las emociones, las experiencias pasadas. Hay un libro para cada edad, para cada estado anímico. Creo que el amor a la lectura debe acompañarnos durante toda la vida, desde niño hasta la vejez.

Alberto Álvarez Pérez. Sevilla. Diario El Pais

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