Narrativa

El tono literario de Maribel Álvarez es sencillo y brillante: limpio. La forma de presentar a los personajes se caracteriza por un lento goteo de señales, y sin una descripción concreta, se llegan a conocer por fuera y por dentro.

Una singular narrativa erótica nos adentra en una fantasía propia y poco habitual. Los adjetivos sorprenden por lo poco usados y lo acertado en su definición. Las historias atrapan, según la opinión de muchos lectores, y son muy visuales.

Como gran aficionada al cine, tal vez esa característica se deba, en parte, a su influencia, y sus diálogos efectivos y dinámicos, y que no necesitan añadir los nombres de quienes los mantienen, se deba al ritmo obtenido en sus muchos años de radio, en los que la agilidad y la claridad eran signos muy apreciados.

Maribel Ávarez es una escritora de las clasificadas como “tardías”. El mundo de la escritura está lleno de tardíos o tardones. La necesidad de ganar dinero, dirigía a los escritores que no eran periodistas, a esperar a que su situación se consolidara económicamente para poder disponer de tiempo para escribir, sólo los que despegaban muy jóvenes con una primera novela de éxito, podían continuar su carrera. A grandes rasgos siguen existiendo estos dos grupos.

Para escribir, Maribel Álvarez, necesita haber dormido bien, no contar con grandes alteraciones en su vida normal y que su gato esté quieto encima de la mesa del ordenador para que no le borre el texto.

Le encanta cuando se le ocurre alguna historia o personaje perverso. No se justifica, sencillamente lo disfruta y ahora sostiene el argumento aprendido de Hannah Arendt cuando se refería al nazi Eichmann: “Es un ser normal, con la maldad del ser normal”. Creo que la frase no es así literalmente, pero la autora la ha traducido de esta manera.

Maribel sí fue una lectora empedernida. Recuerda las obras de los clásicos editadas en unos cuadernos a dos columnas y muy mal impresos de la colección “Novelas y cuentos”. Clásicos, de crímenes, de amor, tebeos… todo y cualquier cosa, porque la selección llegó más tarde. Recuerda la autora las ganas que tenía de ser un poco mayor para que su primo le prestara “El amante de Lady Chaterley”.