orgullo gay fotografia elyssa-fahndrich

El otro día, y tal vez preparándose ya para estar guapo el día del “orgullo gay” fue un cliente a un instituto de belleza donde entre otras cosas se practican depilaciones.

––¿Qué desea el señor?, le preguntó la azafata que lo recibió.

––Quiero depilarme el escroto.

No se conoce lo que la azafata pensó, pero le dijo que esperara un momento que hablaría con la encargada. La encargada tardó en salir, pero al fin lo pasaron a una salita privada y le dijo:
––Señor, aquí no hacemos esa clase de depilaciones, lo siento.

––¿Cómo que no? ¿Y las ingles brasileñas? ¿Es que no es lo mismo?

––Le aseguro que no tenemos suficientes conocimientos de esa parte del cuerpo para saber qué productos se pueden usar, así que, disculpe, pero no.

–– Yo se los traigo, mire, este para… fro…

––No, no señor, no me cuente nada porque no está en nuestro programa de trabajo y no podemos hacerlo.

––Si no me lo hace la voy a denunciar por discriminación, por homófoba, por condicionar mis necesidades a sus escrúpulos… decía gritándole en la cara.

La encargada lo cogió por la solapa conduciéndolo hacia la puerta mientras le decía: No me da la gana de tocarle los cojones, tóqueselos usted.

Por lo visto el “orgullo gay aún sufre discriminaciones…”

Cuidado con la hipocresía de la banderita 🏳️‍🌈  que de la puerta para adentro hay otra realidad.


Fotografía de Elyssa Fahndrich. Unsplash.com

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